10.12.06

Una hermosa plaza liberada

En una tarde muy calurosa en Buenos Aires, la noticia del año llega desde la pantalla de todos los canales de noticias: en el día internacional de los derechos humanos, el responsable de haber dejado a Santiago ensangrentado se infartó. Disfrutando una libertad que no debía tener, murió el dictador chileno Augusto Pinochet.
Es preciso leer al poeta cubano Nicolás Guillén.

Pequeña letanía grotesca en la muerte del senador McCarthy



He aquí al senador McCarthy

muerto en su cama de muerte,

flanqueado por cuatro monos;

he aquí al senador McMono,

muerto en su cama de Carthy

flanqueado por cuatro buitres;

he aquí al senador McBuitre

muerto en su cama de mono,

flanqueado por cuatro yeguas;

he aquí al senador McYegua,

muerto en su cama de buitre,

flanqueado por cuatro ranas:

McCarthy Carthy.



He aquí al senador McDogo,

muerto en su cama de aullidos,

flanqueado por cuatro gangsters;

he aquí al senador McGángster,

muerto en su cama de dogo,

flanqueado por cuatro gritos;

he aquí al senador McGrito,

muerto en su cama de gángster,

flanqueado por cuatro plomos;

he aquí al senador McPlomo,

muerto en su cama de gritos,

flanqueado por cuatro esputos:

McCarthy Carthy.



He aquí al senador McBomba,

muerto en su cama de injurias,

flanqueado por cuatro cerdos;

he aquí al senador McCerdo,

muerto en su cama de bombas,

flanqueado por cuatro lenguas;

he aquí al senador McLengua,

muerto en su cama de cerdo,

flanqueado por cuatro víboras;

he aquí al senador McVíbora,

muerto en su cama de lenguas,

flanqueado por cuatro búhos:

McCarthy Carthy.



He aquí al senador McCarthy

McCarthy muerto,

muerto McCarthy,

bien muerto y muerto,

amén.

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